
Ese es mi pueblo. Un lugar incomunicado, donde las inversiones y los inversores pasan de largo. La Isla Lagarto lleva desde hace décadas sufriendo un bloqueo por parte de Los Estados Unidos, nuestro pueblo sufre un bloqueo de identidad y conciencia inseminado por el único gobernante que ha tenido en los últimos treinta años. Treinta años de nada. Ha sido capaz de poner en marcha un regimen, digno del mejor de los dictadores, que ha paralizado al pueblo de Puerto Real, secuestrando el voto (barrigas agradecidas) y por la dejadez del resto del pueblo que no hace nada y mira hacia otro lado. Los que critican no se mueven, los que se mueven como yo, molestamos. Nuestros abuelos y padres no se merecen esto, nuestros hijos tampoco. Puerto Real se merece algo mejor.
EL VOTO INUTIL
Los ciudadanos estamos llamados a las urnas cada cuatro años para elegir a nuestros concejales y de entre ellos a nuestro alcalde. En estos días de pactos vemos como los partidos mayoritarios negocian a espaldas de los ciudadanos las alcaldías. Así, vemos como desde Madrid o Sevilla se ha negociado el futuro de localidades como Conil, Chiclana, Olvera o Puerto Real. Independientemente de la situación de cada municipio y de cada candidato. Y surgen los llamados “sacrificados“ de cada partido. Estos son, los que por el bien común del partido deben callar y obedecer las órdenes del partido, y si en su día, dijeron algo en contra de su contrincante político, ahora deben agachar la cabeza, callar y obedecer.
Cierto es, que los “sacrificados” también reciben una contraprestación, todo sacrificio tiene recompensa, como un sillón bien pagado. Eso sí, lejos del lugar que tanto han defendido o tanto han prometido que amaban. Por ejemplo, una presidencia o vicepresidencia de un organismo público.
En Puerto Real se está dando ese caso. Hemos tenido a una candidata a la alcaldía que presumía de tener el mejor partido, de tener a las instituciones autonómicas y nacionales de su parte, de promover el cambio, de criticar hasta la saciedad al anterior alcalde y de amar y querer a nuestra villa. Pues ahora, y después de los resultados electorales y a esos acuerdos globales entre partidos, el mismo partido le ordena pactar con su eterno enemigo.
Y yo me pregunto: ¿Dónde quedan esas ganas de cambio? Para colmo el otro partido de la oposición está esperando a que pacten con él. Pero están desautorizados para ello. Les falta valor para dejar a su partido y ponerse a trabajar por lo que querían hacer por nuestro pueblo. Ahí queda demostrado lo que más defienden, es decir, por encima de Puerto Real esta su partido.
Cuando un ciudadano quiere votar de manera que su voto sea útil, siempre se le dice que lo haga a uno de los dos partidos mayoritarios, pero nos podemos encontrar con la sorpresa de que tras los pactos, nuestro voto sea de lo más inútil. Es el caso de los puertorrealeños que han votado a los socialistas, pues su voto ha servido para conseguir la alcaldía de Chiclana o San Fernando. Para Puerto Real el voto socialista ha sido inútil, puesto que no habrá cambio y seguiremos igual. El ejemplo del voto inútil llevado a la práctica. Para las próximas elecciones ya sabemos lo que se hace con nuestro voto.
Criterios y políticos
Hasta ahora los políticos son personas con buena presencia, buena imagen, gran oratoria y más listos que inteligentes. Esto es una norma no muy generalizada, quizás los que llegan muy alto reúnan estos requisitos, pero los demás, los que se quedan en los estratos más bajos, sobre todo municipales, no reúnen ninguno de los calificativos que he enumerado. También conozco a políticos que se dejan la piel en trabajar por el bien común, pero hay pocos. Pero cuando hablamos de gestionar la caja de los dineros públicos, pinchamos en hueso.
Así nos va. Esto de la política es un coladero de personas que buscan su propio interés y beneficio, con muy poca capacidad de gestión y sin ser especialistas en nada. Deberían de existir unos criterios para aquellas personas que quisieran ser alcaldes, diputados, parlamentarios o simplemente concejales. Exigimos a un juez una preparación, una carrera universitaria y pasar con éxito unas oposiciones, también hacemos lo propio con funcionarios, policías, bomberos, y así todos los cargos que en cierta manera son públicos. Y esta bien, porque lo pagamos con el dinero de todos. ¿Por qué no a un cargo político? En sus manos vamos a poner nuestra confianza al votarlo, a parte de la famosa y codiciada caja de los dineros, como dije antes que es de todos. No estaría de más exigirles unos criterios y un curriculum.
A bote pronto se me ocurren los siguientes criterios. Deberían contrastar que son trabajadores y competentes, o sea una experiencia en el tema de la gestión. Dispuestos a ser menos partidistas, es decir, primero el bien común del pueblo, después el del partido, véase el caso Sra. Mosquera del PSOE de Puerto Real que dejo tirados a sus votantes por ordenes del partido. Ser honrados, aunque esto de la honradez debería ser asignatura obligatoria y su vida debería ser un modelo para los demás, de manera que muchos jóvenes pensaran en parecerse a ellos de mayor. Deberían ser personas con la vida resuelta, que no necesiten el sueldo que se les va a pagar, por lo tanto deberían tener una profesión a parte de la que van a desarrollar y que se puedan ganar la vida perfectamente cuando dejen su puesto, véase caso del Sr. Barroso, alcalde de mi pueblo que no creo que vuelva a ser tubero en los astilleros. Que no necesiten el puesto para conseguir contactos, que por su carrera profesional ya los tengan. Que tengan sentido de equipo, lo principal son los ciudadanos. Que sean educados, con buenos modales, como dije antes deben dar ejemplo. Deben ser discretos y humildes, deben trabajar y no lucirse. Que no utilicen el cargo para colocar a su mujer, a sus hijos, a sus familiares o amigos y sobre todo beneficiar a empresas de otros amigos.
En Puerto Real tenemos a dos personas que nos gobiernan, el Sr. Barroso y la Sra. Mosquera, pues piensen bien en todos los criterios que he mencionado, medítenlos, razonen y sobre todo sean objetivos. Y pregúntense en manos de quienes estamos. Pero no se pregunten si los ciudadanos de Puerto Real se lo merecen, porque probablemente lo merezcamos, ya que en su día los votamos. Por Dios Bendito, que no vuelva a ocurrir.